La polémica política nacional sumó un nuevo episodio desde Huancayo, donde el candidato presidencial de Perú Primero, Mario Vizcarra, arremetió contra el presidente José Jerí con un calificativo que encendió el debate público. Durante un acto político, lo llamó abiertamente “malandrín” y sostuvo que su continuidad en el poder resulta insostenible frente a los cuestionamientos que lo rodean.
Vizcarra señaló que el mandatario ha quedado severamente debilitado tras conocerse la existencia de reuniones no transparentadas con un empresario chino, encuentros que —afirmó— comprometen la credibilidad del Ejecutivo y profundizan la desconfianza ciudadana. Para el postulante, este tipo de conductas no pueden normalizarse desde la Presidencia.
En su discurso, remarcó que el país atraviesa una crisis de legitimidad y que el problema ya no pasa solo por investigaciones en curso, sino por la pérdida de autoridad moral del jefe de Estado. Bajo ese argumento, consideró que la salida de Jerí es una medida necesaria para evitar un mayor deterioro institucional.
El pronunciamiento ocurre mientras el denominado “Chifagate” continúa generando reacciones en el escenario político. El caso ha motivado pedidos desde el Congreso para acelerar las indagaciones y evaluar responsabilidades, en un contexto de creciente presión sobre el Ejecutivo.
Aunque el presidente ha manifestado su disposición a colaborar con el Ministerio Público, las declaraciones lanzadas desde Huancayo reflejan un clima político cada vez más confrontacional, marcado por el adelanto del calendario electoral y una ciudadanía cada vez más crítica frente al poder.










